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Guerreros gigantes


No es fácil ser activista/ecologista en México. En este país abrumado por problemas sociales, políticos y económicos, defender el medio ambiente es tarea de gigantes. Y eso es lo que son las personas que forman parte de Greenpeace en nuestro país. Hace ya diecinueve años que Greenpeace comenzó su labor aquí. Algunas de sus campañas han sido tan exitosas que han cambiado en algunos aspectos como el desarrollo del transporte colectivo la faz de la ciudad de México, hizo también que se aprobara la creación de un Santuario Ballenero. Pero su incansable actividad no cesa, y se dirige ahora a la defensa de los bosques autóctonos, la oposición a los transgénicos y a las plantas nucleoeléctricas, la lucha contra el cambio climático y la defensa del litoral y los recursos marinos.
Al igual que en otros países de Latinoamérica, la presencia de las corporaciones extranjeras es muy visible. Sin embargo muchas veces su presencia deja mucho que desear en materia ambiental. Precisamente por eso trabajamos en Greenpeace México: para hacer un seguimiento más cercano de las corporaciones (nacionales y multinacionales) que no respetan nuestros recursos naturales y demás.
Uno de los aspectos que más nos preocupa es la degradación progresiva del valioso litoral por la acción de hoteleras y urbanizadoras. Si la llamada en términos turísticos “Riviera maya” – en la costa caribeña de Yucatán – está ya fuertemente deteriorada por la acción de un turismo que no ha sido en absoluto respetuoso con el entorno, ahora ese modelo tan depredador se traslada a otras zonas del país como Baja California Sur cerca de la reserva natural "Cabo Pulmo". Así que es tiempo de actuar antes de que sea tarde.

Greenpeace México ha tejido una densa red de organizaciones sociales de todo índole con las que trabaja, ya que su lucha ecologista siempre tiene un gran acento social. En estos 19 años nuestra sede mexicana Greenpeace se mantiene gracias a sus 30.000 asociados, lo cual es muy destacable en un país donde es tan difícil conseguir donantes para la causa de la ecología. Contamos en la actualidad con 10 grupos locales, aunque planeamos una amplia expansión territorial.

Logros de Greenpeace México


A México, Greenpeace llegó en 1993. Desde entonces ha desplegado una intensa actividad a través de sus campañas. Éstos son algunos hitos en este largo camino:

En 1993 denunciamos  la contaminación de la Ciudad de México con una protesta en la Diana Cazadora y evitamos el ingreso al país de un cargamento de 530 toneladas de desechos tóxicos que iban hacia San Luis Potosí, provenientes de Reino Unido.

En 1994 se celebró en México la 46 Reunión Anual de la Comisión Ballenera Internacional, en la que se aprobó la creación del Santuario Ballenero Austral, algo por lo que Greenpeace había pugnado desde los años 70, y que se convirtió en un logro en nuestro país.

En 1996 el Moby Dick, uno de los barcos de Greenpeace, visitó México para denunciar la destrucción ambiental que provocan las obras de ampliación del puerto de Veracruz. Tiempo después, a bordo del Rainbow Warrior realizamos la “Ruta del petróleo” por los estados de Veracruz, Tabasco y Campeche, para documentar los impactos ambientales de la actividad petrolera.

En 1998 hicimos campaña en contra de la instalación del basurero de desechos radiactivos de Sierra Blanca, Texas, localizado a 32 kilómetros de la frontera con México. El proyecto fue cancelado.

En 1999 Greenpeace demostró que México estaba importando maíz transgénico de Estados Unidos, lo cual era negado por las autoridades. Y ese año se consiguieron más de 100 mil firmas de apoyo y la adhesión de 125 ONG nacionales e internacionales para la creación de un Santuario Ballenero Mexicano, propuesto por Greenpeace. La propuesta se entregó al entonces presidente, Ernesto Zedillo. Luego de un trabajo incansable, en 2002 se decretó la creación del santuario para ballenas en todos los mares mexicanos. 

Un logro en 2001 fue que México ratificara el Convenio de Naciones Unidas para la eliminación de ciertos contaminantes orgánicos persistentes, conocido como Convenio de Estocolmo.

En 2003 trabajamos arduamente contra la importación ilegal de delfines de las Islas Solomon y durante 2005 presentamos la Guía roja y verde de alimentos transgénicos, una orientación básica para el consumidor mexicano. Así también documentamos que no eran "naturales" los desastres causados por los huracanes Stan en Chiapas y Wilma en Quintana Roo, sino consecuencia de la destrucción de los ecosistemas y del cambio climático. En ese mismo periodo exigimos a las autoridades darle solución al problema que representaban los millones de pilas y baterías desechadas sin control. 

En 2006 se realizó la expedición por el Gran Bosque de Agua para mostrar la importancia del corredor biológico Ajusco-Chichinautzin y conseguimos que se duplicara el presupuesto federal destinado a la protección de los bosques. Ese mismo año conseguimos que se frenara el proyecto privatizador de la Isla de la Roqueta en Acapulco, con el cual se pretendía crear un parque recreativo y un zoológico en esa zona. 

En ese mismo año, la Ciudad de México comenzó a implementar el sistema de transporte público eficiente conocida como metrobús. Esta propuesta fue hecha por Greenpeace en sus primeros años de trabajo en México y retomada por el gobierno del Distrito Federal en 2006.

En 2007, y gracias a nuestras peticiones, el gobierno del DF puso en marcha el programa de manejo responsable de pilas. Gracias a nuestra propuesta, logramos que la tala ilegal se convirtiera en delito grave en el Estado de México y que el Congreso transformara en ley nuestra propuesta de compras verdes por parte del gobierno federal.

En el 2008, Greenpeace evidenció que la reforestación impulsada por el programa Proárbol no sólo no estaba acabando con la deforestación sino que además el índice de supervivencia de lo plantado estaba por debajo del 10 por ciento. En este año también se hizo un diagnóstico sobre el turismo depredador y, junto con el Observatorio Ciudadano de Vigilancia Ambiental, se evitó que los legisladores derogaran la protección legal con la que actualmente cuenta el ecosistema del manglar. En materia de cambio climático, Greenpeace hizo una gira en la que dio a conocer el enorme potencial que nuestro país tiene para utilizar recursos renovables para generar energía y estigmatizó las energías causantes del cambio climático.

Durante el 2009, Greenpeace lanzó la campaña ciudadana Píntale la raya al cambio climático, a la que se incorporaron alrededor de 230 organizaciones  civiles y la cual reunió cerca de 200 mil firmas exigiendo a los tomadores de decisión actuar contra el cambio climático. En este año el fracaso de la reforestación se volvió escándalo, con lo que este programa prácticamente quedó desacreditado. Asimismo, Greenpeace dio a conocer el ranking de ineficiencia energética de las dependencias públicas y comenzó el trabajo para lograr la prohibición total de la venta de focos incandescentes en el país.